Nos visitó el obispo Monseñor Ojea y agradeció a nuestros maestros por la gran tarea que realizan día a día.

Seguramente, todos podemos recordar el nombre de alguna maestra del jardín de infantes, primaria o profesor del colegio secundario que de algún modo marcó nuestra vida. El nombre de compañeros queridos y varias anécdotas vividas en el aula y los recreos.

Queríamos, entonces, detenernos aquí, para preguntarnos sobre esta memoria. Una memoria agradecida, nostálgica, compartida, aunque cada uno haya tenido experiencias escolares muy distintas. Escuelas diferentes, en diversas situaciones históricas, sociales y culturales parecen fundirse en la memoria que las evoca con la misma ternura y gratitud.

Podríamos hacernos un tiempo para tratar de explicarnos lo que se mantiene en imágenes, sonidos y experiencias que vuelven fácilmente al evocarlas.

Estamos refiriéndonos a esa parte de la escuela que nos ha dejado más que contenidos y aprendizajes en lengua y matemática, fundamentales por cierto, para que entre todos nos unamos en un sentimiento de agradecimiento por lo que vivimos en nuestros años de alumnos y sea ese el fuego que prenda nuevos desafíos para el Colegio Santo Domingo Savio en este tiempo.

Cuando se tiene la experiencia de ser parte de esta comunidad educativa, compartir el patio y el recreo con los chicos; escuchar docentes y padres; “dar una vuelta” por la cocina, deja en uno la sensación de ser parte del mandamiento del amor al prójimo de Jesús.

Queridos amigos; gracias por seguir construyendo entre todos la memoria del Savio. Sigamos, juntos, ofreciendo un espacio de cuidado y aprendizaje para que se revele la verdad de cada uno de los niños y adolescentes que están hoy en el colegio, y que ellos se maravillen ante sus propias vidas, considerándolas un verdadero milagro, un don del Dios Padre que les regaló la vida.

Padre Juan Ignacio Pandolfini